MARTÍN LAZO CUEVAS: EZLN: Entre la resistencia y el futuro incierto

Por Martín Lazo Cuevas
Hace más de tres décadas, un grupo de indígenas y guerrilleros marxistas
irrumpió en la escena política de México con un mensaje contundente: ¡Ya
basta!. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) no solo se
levantó en armas contra el gobierno, sino contra un sistema que por
siglos había marginado a los pueblos indígenas. Desde entonces, han
transitado un camino único, oscilando entre la resistencia autónoma y la
desconexión política. Hoy, su futuro está en juego.
El EZLN nació en las profundidades de la selva Lacandona en 1983, pero
fue hasta el 1 de enero de 1994, con la entrada en vigor del Tratado de
Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que el mundo conoció su
lucha. No era solo una rebelión armada, sino un grito de protesta contra
un modelo neoliberal que prometía progreso, pero que para los pueblos
indígenas significaba despojo y olvido.
Sin embargo, el zapatismo entendió rápidamente que la guerra frontal
contra el Estado no era sostenible. Tras los Acuerdos de San Andrés en
1996—incumplidos por el gobierno—, el EZLN optó por la resistencia
pacífica y la construcción de su propio modelo de autonomía. Desde
entonces, los municipios zapatistas han operado bajo un sistema de
autogobierno donde la política no se hace en campañas, sino en
asambleas, y donde la educación y la salud no dependen del Estado, sino
de la comunidad.
Pero, ¿qué ha pasado en los últimos años? El EZLN sigue ahí, firme en
sus territorios, pero enfrentando desafíos cada vez más complejos. El
crimen organizado ha ganado terreno en Chiapas, lo que representa una
amenaza real para su control territorial. El gobierno ha cambiado, pero
la marginación indígena sigue intacta, y su rechazo a participar en la
política nacional los ha aislado de otros movimientos progresistas.
El zapatismo enfrenta una encrucijada. Su modelo de autonomía ha
resistido, pero no se ha expandido más allá de Chiapas. Su discurso
contra el neoliberalismo sigue vigente, pero su impacto en la política
nacional es menor al de los años 90. ¿Cuál es su futuro?
Si el EZLN quiere seguir siendo un referente de lucha, tendrá que
decidir si mantiene su aislamiento o si encuentra nuevas formas de
conectar con otras luchas sociales en México y el mundo. La autonomía es
un logro indiscutible, pero si no se adapta a los tiempos actuales,
corre el riesgo de quedar como un capítulo del pasado en lugar de un
actor clave del futuro.
Lo que es seguro es que el zapatismo sigue siendo un recordatorio de que
en México, la justicia para los pueblos indígenas sigue siendo una deuda
pendiente. Y mientras esa deuda no se salde, su lucha, de una u otra
forma, continuará.