MARTÍN LAZO CUEVAS: La Policía Comunitaria de Guerrero: Justicia desde el pueblo

Por Martín Lazo Cuevas
En un México donde la violencia y la corrupción han minado la confianza
en las instituciones, la Policía Comunitaria de Guerrero se ha
convertido en un modelo de seguridad alternativo basado en la
organización y la justicia comunal. Surgida como una respuesta a la
ineficacia del Estado, su historia refleja tanto la resistencia de los
pueblos indígenas como los desafíos que enfrenta cualquier intento de
autonomía en un país donde el crimen organizado y la política suelen
entrelazarse.
Orígenes: La autodefensa como necesidad
La Policía Comunitaria de Guerrero nació en 1995, en la Montaña y Costa
Chica del estado, una de las regiones más pobres y marginadas de México.
Durante años, las comunidades indígenas mixtecas, tlapanecas, nahuas y
amuzgas sufrían extorsiones, secuestros y asesinatos sin que el gobierno
hiciera algo para protegerlas. La justicia oficial era inaccesible para
la mayoría, y la policía estatal o federal solo llegaba después de los
hechos, si es que llegaba.
Ante esta situación, los pueblos decidieron tomar la seguridad en sus
propias manos. Así surgió la Coordinadora Regional de Autoridades
Comunitarias - Policía Comunitaria (CRAC-PC), un sistema de seguridad y
justicia basado en los usos y costumbres indígenas. No se trataba solo
de vigilar las calles, sino de crear un esquema completo de justicia, en
el que la comunidad misma detenía, enjuiciaba y rehabilitaba a quienes
cometían delitos.
El presente: Entre la resistencia y la fragmentación
A lo largo de los años, la Policía Comunitaria ha demostrado su
eficacia: en las comunidades bajo su control, los índices de
criminalidad han sido históricamente menores que en el resto del estado.
Sin embargo, el contexto ha cambiado.
1. Crimen organizado y autodefensas infiltradas
Con el crecimiento del narcotráfico y la presencia de grupos criminales
como Los Ardillos y Los Rojos, algunas Policías Comunitarias se han
visto rebasadas. En algunos casos, han surgido grupos que, bajo el mismo
nombre, han adoptado prácticas más cercanas a las autodefensas armadas
que a la justicia comunitaria.
2. Represión del Estado
Aunque la Policía Comunitaria opera bajo un marco legal reconocido por
la Ley 701 de Guerrero, su autonomía ha sido constantemente atacada. El
gobierno estatal y federal han intentado desarmarla en varias ocasiones,
argumentando que algunas células han sido cooptadas por intereses ajenos
a las comunidades.
3. División interna
La CRAC-PC, que en su origen operaba como un solo bloque, hoy está
fragmentada en diferentes facciones, algunas con vínculos políticos o
disputas de liderazgo que han debilitado su unidad.
El futuro: ¿Hacia la consolidación o la desaparición?
El destino de la Policía Comunitaria dependerá de varios factores:
Reafirmar su autonomía: Si logra mantener su independencia del Estado y
del crimen organizado, podría consolidarse como un modelo viable de
justicia indígena en México.
Recuperar la unidad: Sin una estructura sólida y coordinada, la
fragmentación podría terminar debilitando su legitimidad.
Adaptarse a la nueva violencia: Guerrero sigue siendo uno de los estados
más violentos del país. La Policía Comunitaria deberá encontrar formas
de seguir operando sin convertirse en un actor más dentro del conflicto
armado.
La Policía Comunitaria de Guerrero representa una lección clara: cuando
el Estado falla, los pueblos organizados pueden construir su propia
justicia. Su historia es una prueba de que la autonomía no es solo una
demanda política, sino una necesidad de supervivencia en un país donde
la seguridad sigue siendo un privilegio y no un derecho.