MARTÍN LAZO CUEVAS: Los Partidos Políticos en México: Entre la Descomposición y la Reconfiguración

Por Martín Lazo Cuevas
El sistema de partidos en México atraviesa una crisis profunda. Morena,
el nuevo hegemón, enfrenta tensiones internas mientras se afianza en el
poder. La oposición tradicional—PRI, PAN y PRD—sobrevive en estado de
coma, sin rumbo ni liderazgo. Y en medio del desencanto, emergen nuevas
fuerzas que, aunque prometen romper con el viejo régimen, aún no logran
consolidarse como una verdadera alternativa.
La pregunta es inevitable: ¿se avecina una transformación real del
sistema político o solo estamos presenciando un reciclaje de las mismas
estructuras con otros nombres?
Morena: Poder Absoluto, Tensiones Internas
El fenómeno de Morena ha sido arrollador. En pocos años, desplazó al PRI
como el partido dominante, arrasó en elecciones y se convirtió en el eje
del nuevo orden político. Su éxito es innegable, pero su principal
desafío no proviene de la oposición, sino de su propio interior.
Morena es una mezcla de facciones con intereses divergentes: izquierda
histórica, ex priistas, ex panistas y grupos de base que conviven bajo
la bandera de la Cuarta Transformación. Mientras el liderazgo de AMLO
mantuvo unida esta coalición, la llegada de Claudia Sheinbaum abre una
nueva etapa. Sin un liderazgo carismático que lo unifique, Morena podría
enfrentar la misma fragmentación que hundió a sus antecesores.
Además, el partido enfrenta el reto de su propia institucionalización.
Hasta ahora, ha funcionado más como un movimiento electoral que como un
partido con reglas claras. El reparto de candidaturas a través de
encuestas ha generado conflictos, y la falta de mecanismos internos
democráticos podría minar su estabilidad.
Sin embargo, su control del aparato estatal, la continuidad de los
programas sociales y su arraigo en sectores populares lo mantienen como
la fuerza dominante. La pregunta es si se convertirá en un partido de
Estado al estilo del viejo PRI o si logrará construir un modelo de
gobierno distinto.
PRI, PAN, PRD: Oposición en Ruinas
Mientras Morena se consolida, la oposición tradicional vive su peor
crisis en décadas.
El PRI se ha convertido en un cadáver político. Desgastado por la
corrupción y el desprestigio, ha perdido su base electoral y
territorial. Ya no es ni la sombra del partido que gobernó México por
más de 70 años.
El PAN no encuentra identidad. La derecha mexicana no ha sabido
articular un discurso convincente. Su alianza con el PRI generó más
desgaste que beneficios, y su base empresarial y conservadora parece
cada vez más desconectada de las demandas sociales.
El PRD es prácticamente irrelevante. El partido que alguna vez
representó la izquierda progresista quedó atrapado en su pacto con el
neoliberalismo y terminó diluyéndose en la alianza opositora.
Juntos, estos partidos formaron la alianza Va por México, una estrategia
que resultó más una sumatoria de debilidades que una coalición viable.
Sin liderazgos renovados ni una narrativa que conecte con la ciudadanía,
la oposición sigue estancada en una lógica de rechazo a Morena sin
ofrecer una alternativa clara.
Movimiento Ciudadano y las Nuevas Fuerzas
Ante el colapso de la oposición tradicional, Movimiento Ciudadano ha
intentado posicionarse como la "tercera vía", pero hasta ahora su
estrategia ha sido más oportunista que estructural. Aunque ha crecido en
algunas regiones, su negativa a competir con fuerza en la elección
presidencial de 2024 lo dejó fuera del debate nacional.
Por otro lado, movimientos sociales, candidaturas independientes y
nuevos partidos locales han ganado espacio. Pero la gran incógnita es si
podrán romper con la lógica del sistema tradicional o si terminarán
siendo cooptados por las mismas estructuras de poder.
¿Hacia un Nuevo Modelo Político?
México se encuentra en un punto de inflexión. Morena ha demostrado que
el país quiere un cambio, pero su permanencia dependerá de su capacidad
para no caer en los vicios del pasado. La oposición debe renovarse o
resignarse a la extinción. Y las nuevas fuerzas tienen la oportunidad de
redefinir el panorama político, siempre que logren consolidarse como
opciones reales y no solo como actores testimoniales.
El fin del viejo régimen ya ocurrió. La pregunta es qué viene después.