Velocidad, negligencia y responsabilidad: la tragedia del Tren Interoceánico bajo la lupa
📅 Publicado el: 28/01/2026
Velocidad, negligencia y responsabilidad: la tragedia del Tren Interoceánico bajo la lupa
Martín Lazo Cuevas
La Voz del Pueblo
Comunidad Mexicana Internacional
La confirmación de la Fiscalía General de la República de que el descarrilamiento del Tren Interoceánico en Oaxaca fue provocado por exceso de velocidad no solo esclarece un hecho técnico, sino que abre una discusión profunda sobre la cultura de seguridad, la responsabilidad operativa y el rigor institucional con el que se está manejando un proyecto estratégico para el país.
El 28 de diciembre, el maquinista conducía a 65 kilómetros por hora en una curva con límite de 50 km/h. El resultado fue devastador: 14 personas fallecidas y más de 100 heridas. La FGR ha señalado que no existieron fallas mecánicas en los sistemas principales de la locomotora, lo que apunta de manera directa a un error humano como causa inmediata del siniestro. Sin embargo, limitar el análisis únicamente a ese punto específico sería una visión incompleta y peligrosa.
Información derivada de la investigación indica que, en tramos rectos previos al descarrilamiento, el tren alcanzó velocidades muy por encima de lo permitido para ese tipo de vía. Esta conducta no solo incrementó el riesgo al llegar a la curva, sino que puso en peligro a la tripulación y a todos los pasajeros durante todo el trayecto. Conducir a velocidades excesivas en línea recta reduce márgenes de reacción, eleva de forma exponencial la energía del convoy y convierte cualquier error, por mínimo que sea, en una tragedia mayor.
Este caso obliga a mirar con lupa el rigor del entrenamiento, la certificación y la supervisión de quienes operan trenes de pasajeros en México. En sistemas ferroviarios serios, un maquinista no solo aprende a acelerar y frenar: recibe formación técnica especializada, entrenamiento en simuladores, certificaciones oficiales renovables, capacitación específica por ruta, evaluaciones médicas y psicológicas, y un adiestramiento permanente en protocolos de seguridad y obediencia estricta a los límites de velocidad.
Además, en muchos países existen sistemas automáticos de control que intervienen de manera obligatoria cuando un operador rebasa los parámetros establecidos, precisamente para evitar que un error humano derive en pérdidas de vidas. La pregunta que hoy debe hacerse el país es si estos sistemas existen, funcionan y se aplican con el nivel de rigor necesario en el Tren Interoceánico.
Más allá de la responsabilidad penal individual del conductor, este accidente plantea interrogantes estructurales: ¿hubo fallas en la supervisión?, ¿se permitió una cultura de tolerancia al exceso de velocidad?, ¿la capacitación fue suficiente para ese tramo específico?, ¿existen controles efectivos que impidan que una mala decisión se mantenga durante kilómetros?
La tragedia del Tren Interoceánico no puede cerrarse solo con una detención. Debe convertirse en un punto de inflexión para fortalecer la seguridad ferroviaria, elevar los estándares de certificación y garantizar que cada operador esté plenamente capacitado y supervisado. En infraestructura estratégica, la disciplina operativa no es opcional: es una obligación moral con las familias que confían su vida a un sistema de transporte que debe ser sinónimo de seguridad, no de negligencia.
La vida de 14 personas y el sufrimiento de más de 100 heridos exigen algo más que explicaciones técnicas. Exigen un cambio profundo en la forma en que se entiende y se ejerce la responsabilidad en la operación ferroviaria del país.