Salas vacías, ruido mediático y la duda abierta

📅 Publicado el: 01/02/2026
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Los Angeles California

Salas vacías, ruido mediático y la duda abierta

Martín Lazo Cuevas
La Voz del Pueblo — Comunidad Mexicana Internacional

El fin de semana que debía marcar un relanzamiento mediático terminó revelando una realidad incómoda alrededor de Melania Trump. La película–documental presentada como su regreso a la escena pública llegó a los cines envuelta en una intensa campaña de promoción, pero los reportes provenientes de salas de exhibición y de observadores de taquilla describieron un panorama muy distinto al esperado.
En distintos complejos cinematográficos de Estados Unidos y del extranjero circularon imágenes de mapas de asientos con baja ocupación, funciones con pocos boletos vendidos e incluso cancelaciones puntuales por falta de demanda. Exhibidores y notas de prensa especializada hablaron de un interés menor al proyectado para un estreno de alto perfil, muy lejos del impacto que suele acompañar a producciones respaldadas por presupuestos elevados y una estrategia publicitaria agresiva. Sin necesidad de exagerar cifras, el consenso fue claro: la asistencia no acompañó la narrativa del “gran regreso”.

A ese desempeño discreto se sumó el ruido político y personal. La ausencia pública de respaldos visibles de su entorno más cercano y la circulación de correos electrónicos filtrados —cuyo contexto y alcance siguen siendo debatidos— reforzaron la percepción de aislamiento. No fue un golpe único, sino la convergencia de señales: salas con poca gente, conversación digital adversa y un silencio que pesó más que cualquier comunicado.

Conviene, sin embargo, separar hechos de percepciones. En términos comparativos, algunos defensores señalan que el filme se comportó como otros documentales políticos recientes, que rara vez convocan multitudes. Sus críticos, en cambio, subrayan el contraste entre la inversión y la respuesta del público. Ambas lecturas coexisten y explican por qué el estreno se convirtió en tema de debate más que en fenómeno cultural.

Por eso, y justamente para no quedarnos con versiones parciales, la recomendación es sencilla: consideren ir a ver la película. Formar criterio propio es la única manera de despejar dudas, distinguir el contenido del ruido y evaluar si lo que se cuenta en pantalla justifica la polémica que la rodea. Verla —o decidir no hacerlo tras informarse— es también una forma de ejercer juicio crítico en tiempos de sobreexposición mediática.