El rastro que deja el poder: Trump, el Estado punitivo y la advertencia de la historia
📅 Publicado el: 02/02/2026
Los Angeles California
El rastro que deja el poder: Trump, el Estado punitivo y la advertencia de la historia
Martín Lazo Cuevas
La Voz del Pueblo — Comunidad Mexicana Internacional
La historia no suele escribirse en el momento en que ocurren los hechos, pero hay coyunturas en las que las señales son tan claras que ignorarlas sería una forma de complicidad. Las recientes posiciones públicas del senador Bernie Sanders, expresadas en torno a la política federal impulsada por la administración de Donald Trump, no son simples desacuerdos legislativos: constituyen una advertencia histórica sobre el rumbo que puede tomar un Estado cuando el poder se ejerce sin contrapesos éticos ni sociales.
Lo que está en juego no es únicamente un presupuesto, una votación o una enmienda. Lo que se discute es el modelo de país que se consolida cuando se privilegia el financiamiento de aparatos coercitivos por encima de la salud, la educación y los derechos civiles. Sanders ha sido claro al señalar que el aumento masivo de recursos a agencias como ICE no es un hecho administrativo neutro, sino una decisión política que redefine la relación entre el Estado y su población. En la historia moderna, cada vez que un gobierno ha optado por fortalecer la fuerza punitiva interna a costa del bienestar social, el saldo ha sido fractura, miedo y pérdida de legitimidad.
La política de Donald Trump, vista desde esta perspectiva, marca un punto de inflexión. La normalización de la militarización interna, la criminalización de comunidades enteras y la reducción deliberada de programas sociales no solo afectan a los sectores directamente golpeados; dejan una huella institucional profunda. El Estado deja de ser un garante de derechos y se transforma en un administrador del temor. Ese giro, una vez consolidado, no se revierte con facilidad, porque se incrusta en presupuestos, doctrinas de seguridad y prácticas cotidianas del poder.
Sanders introduce un elemento central en el debate histórico: el presupuesto como expresión moral. No se trata únicamente de cuánto gasta un gobierno, sino en qué decide gastar. Redirigir miles de millones de dólares de la persecución migratoria hacia la atención médica no es solo una propuesta económica, es una definición de valores. La historia juzga con severidad a los gobiernos que, teniendo alternativas, optaron por profundizar el sufrimiento social como método de control.
El efecto histórico de la era Trump, si se consolida sin correcciones, será el de haber legitimado un Estado punitivo en nombre del orden, sacrificando el contrato social que sostiene a una democracia funcional. En ese sentido, las advertencias de Sanders no hablan solo al presente legislativo, sino al futuro: a cómo las próximas generaciones leerán este periodo y evaluarán quiénes alzaron la voz y quiénes guardaron silencio.
La historia no recuerda con benevolencia a los gobiernos que confundieron fuerza con autoridad ni a los congresos que financiaron la injusticia alegando pragmatismo. Lo que hoy se discute en el Senado de Estados Unidos es, en realidad, una lección anticipada para los libros de historia: el momento en que se pudo elegir entre profundizar el miedo o reconstruir la dignidad social. Y esa elección, como siempre, tendrá consecuencias que irán mucho más allá de una sola administración.